El gobierno de Estados Unidos inició formalmente la prohibición al ingreso de bebidas alcohólicas canadienses por un valor estimado en 800 millones de dólares, una medida respaldada por el presidente Donald Trump mediante la Sección 338 de la Ley Smoot-Hawley en respuesta a los aranceles impuestos previamente por el primer ministro Mark Carney. No obstante, la normativa contempla una excepción clave para los envíos de whisky en contenedores superiores a cuatro litros, lo que permitirá a grandes marcas como Crown Royal mantener sus operaciones en el mercado norteamericano mediante procesos de embotellado local.

Pese a esta alternativa, analistas del Instituto Peterson como Inu Manak y representantes de la industria como Chris Swonger de DISCUS advirtieron que el escalamiento del conflicto comercial generará severas afectaciones económicas para las destilerías de ambos países. Por ello, los gremios del sector hicieron un llamado urgente a las autoridades federales para retomar de inmediato las mesas de negociación bilateral y evitar que el desabasto prolongado impacte de forma directa en los precios al consumidor final.

















